Que llueva

.jpg)
Vivir en prisma es una experiencia digna de ser contada por ser antagónica a la forma de vida que nos cuentan los que pasaron por otros centros de detención.
La presencia de civiles cambia radicalmente el trato, pero yo destaco también el respeto del personal penitenciario.
Es una convivencia generalmente tranquila, segura, sin sobresaltos ni agresión. El trato es cordial y amistoso.
Particularmente me siento respetado tanto por el equipo tratante, de seguridad y con mis compañeros.
Lo dramático que es perder la libertad es indescriptible pero se hace más llevadero dado el trato recibido.
Tengo además la posibilidad de seguir mi régimen vegetariano, que me hace muy satisfecho y agradecido. Y por último destacó que puedo continuar con mi actividad en libertad, que es la música, teniendo a cargo un espacio para desarrollar un taller coral con mis compañeros, los de otra planta y personal del equipo tratante.
GMG